Editorial

SALUDO, ADVIENTO_2015

 

Querida comunidad  educativa, reciban un cálido saludo de Adviento.

 Se aproxima la Navidad y esta proximidad se llama Adviento… entonces nuestra sociedad nos convoca en torno a la Navidad con “luces”, “villancicos”, “regalos”… todos confluimos a los centros comerciales y allí entramos en esa atmósfera creada para algo específico y muy concreto; esto no está mal, así se mueve nuestra época; así se mueven las cosas materiales en nuestro tiempo presente; en el pasado fue de otra forma y lo será en el futuro.

Mientras tanto afuera, en la otra realidad cotidiana, se tiñe de signos “apocalípticos”: catástrofes (naturales, económicas), violencia sin sentido, terrorismo…

En algunas comunidades religiosas cristianas suele leerse para la época de adviento el evangelio de Lucas en el capítulo 21; allí se habla de señales apocalípticas, de conflictos entre seres humanos, de serios disturbios en las relaciones humanas, aún en las consanguíneas… pero también, cuando estas cosas estén aconteciendo, de un nuevo advenimiento de Cristo, ya no sobre los fundamentos de una corporeidad física, “sino sobre las nubes”… Es decir, en otra dimensión; compuesta de aire y agua (excluye claramente la dimensión física en primera instancia).

 Leído entre líneas…

Ahora, cuando la nube se precipita a la tierra (conteniendo ya  algo del elemento tierra, representado en micropartículas de polvo) aparece precedida del relámpago (luz). Cuando no se precipita toma las formas de niebla o neblina. Es decir, que éste advenimiento de Cristo no está caracterizado por una paz exterior, sino por la confrontación, la lucha por lo humano individual.

Nietzsche caracterizó en su obra esta situación humana; él veía que su época reflejaba algo caduco en los ideales, sólo una tendencia intelectual en ellos; que a lo sumo sólo servían para mejorar los jugos gástricos. Se vio entonces confrontado frente al vacío de lo espiritual, frente a la Nada. Esta situación de Nietzsche es similar a la que padecen nuestros jóvenes… y ya incluso nuestros niños.

Muchas veces se debe decir lo que se reconoce como verdadero… y lo verdadero es que, además de tener que vivir en la tierra con la realidad vigente, debemos afanarnos por buscar la luz interior, buscar un entrañable sentimiento de honestidad y de verdad. Debemos superar el concepto estereotipado, la rutina (los comportamientos automatizados) y el convencionalismo; para superar estos estados de anomia, la búsqueda  de lo verdadero debe sobreponerse al concepto estereotipado, las relaciones humanas cordiales y espontáneas al convencionalismo, y lograr que cada comportamiento y que cada acto este saturado de espíritu, de ideales.   

Llevar los ideales a hechos en acción, establecer auténticos contactos humanos, anhelar la vivencia interior de lo verdadero… Este es el espíritu de la Navidad que no encontramos en las luces atrayentes del mundo, allí afuera, sino en la luz que pulula sobre las nubes, en los atardeceres y amaneceres; en la calidez de un encuentro genuino, en la espontánea sonrisa de un niño… y que como reflejo palpita dentro de nosotros como el brillo nocturno de una luciérnaga.

 

Feliz Natividad,

Mario Edison Veira
Rector



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